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viernes, 11 de enero de 2013

Cuando las cosas que eran placenteras dejan de causar goce

Antes de comenzar, déjenme decirles ¡Feliz 2013! Ya está dicho. Ahora puedo comenzar.

En la entrada anterior yo les comentaba sobre mis placeres culpables (referidos a la música). Y ahora volveré sobre el tema de los placeres, está vez para enfocarme en algo que me causaba un enorme placer, pero que repentinamente dejó de serlo... sin aviso previo.
No sean mal pensad@s. Hablo de mi ex restaurante favorito, Sukine.

¿Qué pasó?, en verdad no he encontrado una respuesta satisfactoria. Sigo pensando que la comida coreana es bastante buena, sabrosa y con el toque necesario de exotismo, que hace que uno olvide la monotonía de los alimentos usualmente disponibles en el mercado chileno; de hecho, aun sigo comiendo ramyun, jwipo y kimchi, y los encuentro deliciosos. Así que no es un que los platos coreanos hayan dejado de represntar un interés para mí.

Simplemente se trata del restaurante.
© 2013 Jonathan Lezana

Para los que no saben, Sukine es una picada enclavada en el Barrio Patronato, cerca de varias tiendas coreanas, y una de sus características era la calidad de sus platos, su buena atención y sus precios baratos. Actualmente, de acuerdo a lo que pude comprobar, solamente mantienen los precios baratos. Ni la comida ni la atención es lo que eran.
Yo estaba acostumbrado a pedir un plato que se llama hwe dup bap (arroz, con verduras y pescado crudo mezclado con una salsa dulce-picante llamada chogochujang sauce) y que me volvía loco desde el primer bocado hasta el final.
Ya no es así. Y no fue una sola vez. Hace un par de meses, pedí un plato de hwe dup bap para llevar, y no lo pude comer. El pescado estaba demasiado fuerte, el arroz no estaba rico. En fin, sentí que había malgastado mi dinero. La semana pasada volví a darme una vuelta por Sukine, esta vez pedí el plato para servirme en el local. La experiencia fue la misma. Solamente que esta vez le agregaré una atención desinteresada -primera vez que me pasa ahí-.
A tanto llegó la mala atención, que si me quedo a esperar que me lleven la cuenta, aún estaría sentado. Tuve que pararme e ir yo personalmente a pagar a la caja. Al menos ahí fui bien atendido por una señora de nacionalidad coreana.
Espero, que mejoren su atención y vuelvan a la calidad de antaño, ya que están cayendo en el error que suelen cometer los triunfadores: dormirse en los laureles para después caer rápidamente.

Mientras, la próxima vez que quiera comida coreana me iré a un restaurante que descubrí hace un rato, llamado Dae Jang Kum, donde la atención es muy buena y la comida, se ve más coreana.

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