sábado, 9 de febrero de 2008

Espera (Parte I)

Podría haber llovido, y la verdad era que a Sofía le hubiera dado lo mismo. En verdad hacía rato que todo le daba absolutamente lo mismo. llevaba mucho rato ahí parada, en la esquina de Mac Iver con la Alameda. Una esquina concurrida, con personas que entran y salen de la Biblioteca Nacional, además de otros que caminan presurosos por al estrecha acera, flanqueada de locales especializados en artículos ópticos.

Podría haber estado soleado, y la verdad era que a Sofía le hubiera dado lo mismo. Después de quince minutos esperando ahí, moviéndose solo un poquito, no fuera a ser que no la reconociera. Hacía mucho tiempo que no se veían. Y había tanta gente, que era muy probable que si se movía demasiado lejos de la esquina, iban a pensar que ella no había ido a la cita.

Podría haber nevado, y la verdad era que a Sofía le hubiera dado lo mismo. Pero el día no estaba ni soleado, ni lluvioso, ni tampoco nevaba. Ni siquiera corría viento. Solo estaba muy nublado, pero no estaba frío. Hacía calor. Mucho calor, un calor sofocante. Pero no había sol. No, no lo había. Solo estaba el cielo nublado. Muy cerrado. Podría haber llovido. Pero la verdad era que a Sofía le hubiera dado lo mismo.

Hacía 15 minutos y 45 segundos que estaba parada en aquella esquina. Roberto había dicho que iba a llegar a las siete. Pero ya eran las siete y diez, y ni rastros de él. Se paseó solo un poquito. No quería alejarse demasiado de su posición, no fuera a pasar que no la viera, y se fuera, y la dejara ahí esperando, para siempre. Porque ella podría esperarlo por siempre. Aunque lloviera, nevase, o aunque saliera el sol. incluso si saliera la luna y las estrellas. Ella no se iría de ahí hasta que lo volviera a ver.

Recordó su voz en el teléfono. Tan suave. Como siempre. había dicho que tenía muchas cosas que contarle.

Ansiaba escuchar todas esas cosas de sus labios. Si. Esperaría. Aunque tuviera que esperar muchos quince minutos más.

Podría haber llovido, y la verdad era que a Sofía le hubiera dado lo mismo. En verdad hacía rato que todo le daba absolutamente lo mismo. Para ser más precisos hacía casi tres años. Hacía tres años en que todo había pasado. Aquel "incidente" como solía llamarlo Bruno. Para Bruno era tan solo un incidente. Sí, así. sin comillas, sin mayúsculas. Era solo un incidente, como quien habla de algo sin importancia. Como cuando uno se da cuenta que le ha dado un pequeño topón al auto. Eso había sido todo para Bruno, solo un incidente. Pero, para ella. Para ella era mucho más que un simple incidente. había sido el hecho que había cambiado su vida. había sido el hecho que había convertido la lluvia y el sol en lo mismo.

Demasiado gente transitaba por Mac Iver aquella tarde. La gente ya había salido del trabajo, se dirigían raudos a sus casas en la periferia. Parecían hormigas. una de esas hormigas debería ser Roberto. Pero no. Podría haber llovido, y quizás la lluvia lo traería de vuelta a mi pensó Sofía. Pero no llovía, no hacía sol. Simplemente era un día nublado más en Santiago. Uno de esos días nublados en los que hay apenas viento. En los que hace mucho calor. Un calor sofocante.

Y Sofía. Sofía se quedaba ahí parada esperando que Roberto llegara. Quizás si lloviera ya no le daría lo mismo.

(CONTINUARA)

1 comentario:

  1. Anónimo12:12 p. m.

    Muy bien. Me gustarìa que pasaro algo trágico. Juntar el amor con la tregadia resulta muy emotivo. Se me ocurrió la continucaión de tu historia, pero espero la tuya. Respecto a The Wire Gir, fue porque me recordò a Sofìa, la chica que caminaba bajo la lluvia,na que ver pero filo

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