viernes, 25 de mayo de 2012

Una Noche (Parte III)

Se sirvió una taza de cafe muy cargado y muy dulce. Cuando lo saboreó extrañó con todo su ser a su cafetera, y maldijo en su interior -en inglés, of course- a Nestlé por hacer un café soluble tan malo. Y no pudo dejar de pensar en esas noches tan frías de Londres, con la lluvía callendo de forma torrencial, mientras él disfrutaba de un expresso muy fuerte.


Santiago siempre le había parecido una ciudad poco amable, especialmente en invierno. El viento bajaba frío desde la cordillera, el metro atiborrado de gente, y el Transantiago con sus buses largos, lento y poco práctico. Y las personas... Uff, siempre habían dicho que los latinos eran tan simpaticos. Pero los santiaguinos eran cualquier cosa, menos agradables. Personas hoscas y retaridas, frías y llenas de perjucios... Intentó apartar de su mente la lata que daba volver a su ciudad natal. A la ciudad que lo había visto crecer, enamorarse, desilusionarse y escapar. En esta ciudad había comenzado su continuo vagar por el mundo, cuando salió huyendo, asustado por lo que podría pasar.
Ahora estaba de vuelta, asustado, si saber realmente que hacía de vuelta.
Sintíó los pasos de su madre, y se volteó, quedando frente a ella y la abrazó con fuerza, apretandola contra su cuerpo, dejándola sin respiración. La mujer solo sonrío.
-¿Cuando vas a buscarla?- le dijo la mujer una vez que la hubo soltado.
Roberto se pasó la mano por el pelo negro -de un negro azabache, muy brilloso- y la miró con ternura.
-No lo sé mamá. En verdad ni siquiera sé para que vine. Quizás debí haber contactado a Simón...
La sonrisa de la mujer se desvaneció instantáneamente. Simplemente salió de la cocina, iluminada por la luz artificial de una ampolleta de ahorro de energía. Camino por el pasillo, intentando que no se le notara el nerviosismo, aunque el nudo que sentía en el estomago era cada vez más apretado. Y fue ahí cuando recordó que una noche, hacía ya mucho tiempo, alguien tocó a su puerta. Ella se levantó del sillón y dejó el tejido tirado en la cama. Se acercó a la puerta, y preguntó con voz insegura quien estaba ahí.
-Una amiga de Roberto...-la voz era algo ronca y prefunda.
Abrió la puerta, y el frío invernal de santiago se metió dentro de la casa. Ahí estaba una joven, delgada, de pelo negro con un bebé en sus brazos.
-¿Quiere pasar?...
-Por favor, hace mucho frío acá afuera... ¿Me podría decir donde puedo ubicar a Roberto?
-Pase, pase, hablemos aca dentro.
Se sentaron ambas en el sofá. La joven comenzó a contarle una historia. Que había sido novia de su hijo... que el bebé que llevaba en brazos era el hijo de él... que necesitaba ubicarlo...
No enetendío mucho. Simplemente negó saber donde estaba Roberto. La joven le pidió un vaso de agua. Ella se levanto y fue a la cocina, se demoró solo un minuto. Cuando volvió el frío le heló los huesos. La puerta estaba abierta, la joven ya no se encontraba en el sofá. Pero ahí al lado del tejido estaba el bebé.

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